Por Martin B. Campos (@martinb.campos), Editor Adjunto de La Sociocultural.
¿Cómo presentar a alguien sin diluirlo? Podría subir links de videos, entrevistas, redes sociales, compartir sus cuadros, sus cursos; pero toda presentación es un producto; al tener límites, confunde. Puede llegar a sugerir que un artista es un artista. Pero no, un artista es una visión del mundo. ¿Una pintora? ¿Una intérprete de la luz? También es docente, escribe, dibuja, lee, sabe emocionar con la palabra, administrar la voz, recorrer el laberinto de la memoria. No sé qué es un artista. Me gusta no saberlo.

Martin: ¿Cómo decidiste ser artista? ¿Fue una decisión difícil?
Natalia Segovia: Tengo grabada una imagen de mi infancia: estaba en la salita de mi casa y tendría cuatro o cinco años; mientras pintaba al lado del caballete de mi padre (su trabajo no tenía que ver con lo artístico pero durante algunos años fue aficionado a la pintura) le dije lo mucho que me gustaba pintar. Entonces me contestó “¿pues sabes que hay una carrera que se llama Bellas Artes y que es de pintar y dibujar?”. “Yo haré eso”, pensé, y así me mantuve muchos años, diciéndole a la gente que de mayor sería pintora. Pero aunque he sido una de esas personas afortunadas que cumplen uno de sus sueños de la infancia, el camino fue luego más difícil. Con 15 años tuve dudas, porque pensé que también querría ser física, o estudiar genética. Cerca de los 30, habiéndome dedicado muchos años a ser cocinera, camarera, comercial, agente de seguros de defunción y con la carrera de Bellas Artes abandonada a medio acabar, me consolaba pensando que siempre sería “artista” aunque no fuese mi ocupación profesional, así como un médico siempre sería un médico aunque no ejerciese.
Sobre “decidir ser artista” no tengo una respuesta clara: creo que el arte me encontró a mí más que yo a él o fue una circunstancia natural. Lo que sí decidí fue estudiar esa carrera con 18 años pese a que en mi entorno se plantearan otras opciones más “serias y lucrativas” para mi porvenir, y entre otras decisiones que tomé, quizá la más importante fue la de hacer de ello mi ocupación laboral principal y pagar con ello las facturas. Me refiero a lo que se conoce como “vivir de la pintura”. Esta decisión en firme de cumplir una de mis aspiraciones juveniles la tomé con algo de mundo corrido y fracasos y decepciones acumuladas pasados ya los 30. A esa edad, siendo madre de dos hijos y con la precariedad en que me encontraba lo difícil fue más la ejecución que la decisión. Requiere renuncias, sacrificios, multiplicarse. Pero no quedaba otra más que apostar por ello porque como dice una frase que leí por ahí – perdón si no la parafraseo correctamente – “el talento no expresado es sufrimiento”. Yo no sé si tengo mucho o poco talento, pero desde luego esa apuesta fue el golpe de efecto necesario para aliviar el dolor que sentía. Otros dolores vinieron, porque en este trabajo abundan tanto las alegrías como las penas, pero sobre las primeras puedo decir que pintar (así como leer) me ha dado algunos de los momentos más hermosos de mi vida.
M: En uno de tus videos hablás de “duelo desautorizado”. Creo que necesitábamos ese concepto. Rupturas amorosas, muerte de mascotas, despidos, vidas no elegidas. ¿Qué papel cumple o podría cumplir el arte, en relación a ese concepto? ¿Qué duelos no autorizados percibís en la actualidad?
NS: Una de las definiciones de duelo sería “reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo. Se trata de una reacción principalmente emocional y comportamental en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe”. En cuanto al duelo desautorizado, el énfasis lo pondríamos en la palabra “significativo”. Porque en referencia a ello, la sociedad o nuestro entorno parece haber decidido en muchos casos qué es y qué no es significativo para un individuo, qué hechos o pérdidas concretas legitiman que podamos experimentar un dolor intenso. Qué podemos llorar y qué no, y con qué intensidad. De esta manera si el mundo entiende la lógica de llorar a un familiar de primer grado, no considera coherente la intensidad de otras pérdidas. En algunos casos también porque existe un estigma o tabú sobre ese tipo de pérdida, como en el caso de los abortos naturales o voluntarios. Además de desautorizados, éstos también son llamados duelos sin cuerpo. Es difícil elaborar un duelo, que es un proceso natural y necesario, bajo estas circunstancias: se convierte en un dolor silente, a veces teñido de vergüenza o culpa, o desconcierto. Aunque las fases de un duelo se han establecido en la psicología, el apreciar cómo nuestros sentimientos se invalidan hace difícil en ocasiones identificar ese proceso.
Hoy en día podemos encontrar duelos desautorizados a través de muchas circunstancias… mismamente la pérdida de una mascota, un cambio de vida, el cambio o la pérdida de un trabajo, un aborto temprano, la aceptación de la infertilidad… Incluso un duelo producido por una decepción o ruptura amorosa cuando nuestro entorno considera que aquella relación no era lo suficientemente sólida en el tiempo, o que la persona perdida no merece nuestras lágrimas, o que habrá muchos peces en el mar y “no es el fin del mundo, hay cosas y problemas peores, eso tiene fácil solución”. A veces me pregunto en qué clase de mundo vivimos en que se nos dice cómo nos debemos sentir o se nos estigmatiza ante determinadas pérdidas. Darle voz a este tipo de duelos me pareció importante para concienciarnos y ayudar a otras personas. La validación de los sentimientos y aprender a acompañar es fundamental, y de ahí nació mi proyecto el año pasado acerca del duelo tras una interrupción voluntaria del embarazo.

M: Sobre tu vida cotidiana, ¿Hacés actividad física? ¿Tenés buen descanso? Pregunto estas cosas porque a veces se olvida que los artistas también tienen su vida. ¿Hay alguna actividad no artística que sin embargo te resulte indispensable para crear?
NS: No hago absolutamente nada y con frecuencia me siento culpable por ello, aunque tampoco tengo una vida especialmente sedentaria. Pinto de pie y me voy moviendo mientras lo hago, a veces incluso me echo un bailecito. Y camino mucho desde siempre, lo prefiero al transporte público y a los coches. Sobre el descanso, ahora sí llevo unos años durmiendo bien. Toda mi vida tuve muchas dificultades para conciliar el sueño, desde que era muy pequeña. Llegué a pensar que el insomnio nunca me abandonaría pero… misteriosamente, hace unos años cesó. No sé si es casualidad que coincidiese con declararme en rebeldía, cambiar de vida y dedicarme a la pintura.
M: Los escultores eligen dar forma a la materia; los escritores, a las palabras; los pintores, a los colores. ¿Por qué la pintura, el retrato en particular, y no otra forma expresión artística? ¿Creés que esa decisión es innata o circunstancial?
NS: En realidad le doy un poco a todo aunque no con el mismo entusiasmo… torturo un clarinete, he hecho algunas cosas relacionadas con el cine, y también escribo aunque cada vez menos. Hace tiempo simultaneé los estudios de Bellas Artes con la carrera de Filología Hispánica aunque estuve poco tiempo ahí. Sobre si innato o circunstancial, me pregunto a veces qué hubiera pasado si mi padre en lugar de ser aficionado a la pintura lo hubiera sido a la danza o a la literatura. Pero era un hombre inquieto con muchos hobbies que también se entretenía con el vídeo, los acuarios, la mecánica, la fotografía, con muchas cosas. De entre todas las aficiones o circunstancias que podrían haberme influido, se despertó y cristalizó la pasión por la pintura. Una vez “seducida” por la actividad de representar cosas, creo que me enfoqué en el retrato porque me gustan las personas.
La representación del ser humano es uno de los motivos más antiguos e importantes de la Historia del Arte Universal. Incluso desde niños, cuando aprendemos a dirigir nuestros trazos y alcanzamos ese hito que es la capacidad de representación en una superficie bidimensional, casi siempre sucede que lo primero que se representa es un rostro o una figura antropomorfa. En el caso del retrato vamos más allá de su universalidad hasta lo que es una de sus definiciones: la representación de un sujeto concreto. Hay un ensayo de Charo Grecco sobre el retrato pictórico, “Geografía de una península”. En su primera página cita a Simmel explicando cómo el rostro estando presente en los primeros relieves, frescos, máscaras mortuorias etc. y “siendo la única parte que quedaba del ausente, su pálido recuerdo” acaba funcionando como un tropo, una sinécdoque, la parte por el todo. Y creo que por eso el retrato: mediante la cabeza, esa parte no tan grande del cuerpo que tenemos sobre los hombros, es posible abarcar la identidad y la carga psicológica de un ser humano.
M: ¿Qué es para vos un bloqueo creativo? ¿Cómo se vuelve a la actividad después de mucho tiempo?
NS: Los he tenido de dos tipos. Está el que se experimenta cuando se está en activo… la mano no funciona igual todos los días, o más que la mano, la cabeza. A veces se entra en un bucle en el cual se desea pintar, pero no sale nada bueno. Ni una idea ni una obra. En esos casos se puede intentar forzar un poco por si en ese movimiento de actividad o búsqueda de pronto salta la chispa. Pero si vemos que no, lo mejor es parar porque entrar en un desenfreno de frustraciones tampoco va a resultar en nada bueno. Tomarse unos días o unas semanas y mirar el mundo o leer, que también es una forma de pintar.
Luego encontramos otro tipo de bloqueo que en mi caso fue abandonar la pintura durante muchos años. Creo que este bloqueo tiene más que ver con las crisis vitales que con la pereza o la falta de inspiración si es que esto existe. La vida y la producción artística están tan hibridadas entre sí que una acaba afectando a la otra. Y tras mucho tiempo de inactividad cuesta arrancar de nuevo. En este segundo caso creo que fue necesario tocar fondo. Una crisis vital nos pone delante un espejo y no deja de ser la oportunidad de un aprendizaje, de asomarse a un abismo, de alcanzar otra perspectiva del mundo. Durante el tiempo en que no pinté no vio la luz ninguna obra física; ese tiempo sin embargo fue el que motivó la fuerza y la determinación posteriores. Lo que pinto ahora es en parte consecuencia de no haber pintado. El “momento de gracia” o la chispa que prende para pasar de nuevo a la acción acaba llegando tarde o temprano y no suele ocurrir de la nada sino como la conclusión de un proceso que ha venido tiempo gestándose. Así que nadie se desanime si se encuentra en un momento así: aunque se dice fácil y se siente difícil, existen momentos de mirar para otro lado, de mirar hacia dentro también, y ya llegará ese otro de producir hacia fuera.
M: Existe cierta paradoja. Dostoievski puso en el mundo esta idea: “Si Dios no existe, todo está permitido.” Sin embargo, sin un sistema de valores, se hace imposible afirmar cualquier cosa. En el caso de un artista, parece que se necesita algo parecido a la fe para crear, ¿Tenés un motor, una causa, un Dios, o alguna idea que te impulse a seguir creando? ¿Dónde encontrás la fuerza y la convicción para crear?
NS: Precisamente en la idea de que Dios no existe y algún día este corazón dejará de latir y se convertirá en polvo y no habrá nada. En el pasado fui una persona creyente pero perdí mi fe. Creo que la fe es una especie de don. Esta fe no la perdí por ninguna circunstancia traumática: se fue diluyendo con el tiempo y de pronto un día fui consciente de que no habría nada. Esa revelación al principio fue terrible, incluso llegué a tener una especie de crisis existencialista. Estaba alucinando con el hecho de que todos nos fuésemos a morir, la gente se reía un poco de mí aunque yo iba muy en serio con esta preocupación… me producía mucha angustia ser consciente de que mi vida estaba limitada a un tiempo determinado. Pero después me pareció algo tremendamente positivo y vitalista. Soy de las que piensan que la muerte da sentido a la vida. No me llevaré nada, seré lo que he vivido, las emociones que he sentido. Aunque ya no esté, sí que me gustaría dejar mi voz a través de la pintura. No en un sentido grandilocuente como pasar a la posteridad históricamente, que ni lo pretendo ni creo que ocurra. Pero así como considero que sentí esa especie de ilusionismo de vivir otras vidas y otro tiempo a través de las voces de otros – sea pintura, sea literatura – me gustaría que lo que siento o cuento reverberase más allá de mi misma. No sé si en el fondo es una manera de trascender, pero comunicarme con otros sí que es un motor. En cuanto a la convicción tal vez es algo más íntimo o personal aún: no hay otra cosa que me haga más feliz que pintar. No seré la mejor pintora del mundo, pero creo que he nacido para hacer esto, aunque sea torpemente. Quizá otras cosas se me puedan dar mejor… ¡no lo sé! Y seguramente con otras ocupaciones encontraría una posición económica más desahogada (me río), pero ser infeliz está lejos de considerarse calidad de vida así que no hay más remedio que este: debo hacer y pelear por lo que me sale del corazón a pesar de todo. Esto es lo que soy y lo que siento. Estoy convencida de que es muy malo para la salud reprimir una vocación y esa es mi fuerza.
M: ¿Qué se necesita para ser artista? ¿Creés que es necesario ser una persona fuerte?
NS: Habría que definir “fuerte”. Conozco a muchos artistas con grandes inseguridades, síndromes del impostor, autoestimas y egos frágiles, frustraciones… en definitiva seres sensibles cuyos pensamientos o sentimientos no solemos identificar como atributos propios de una persona fuerte. Creo que lo que marca la diferencia es que a pesar de todo ello la pasión es un componente más poderoso, y una especie de consecuencia natural de la misma es la capacidad de persistir. La habilidad es importante, pero buena parte de ella se entrena. Incluso se aprende a ver. Pero la persistencia y la constancia hacen posible que esto cristalice. Sobre esta última, la constancia, se dice también que es la virtud que permite que florezcan las demás. Seré una romántica, pero pienso que la pasión es lo que mueve el mundo y una de nuestras fortalezas cuando se siente.
M: Hay una frase de Goya que dice: “El acto de pintar se trata de un corazón contándole a otro corazón dónde halló su salvación.” ¿Qué significa poder comunicar algo a otro?
NS: Hace poco vi un fragmento de entrevista a Galeano sobre que “escribir no es una pasión inútil” que creo que se puede aplicar perfectamente a la pintura. Sobre la comunicación afirma que “uno dice porque escucha, uno no es mudo porque empezó por no ser sordo. Esto me confirma que vivir vale la pena. Escribiendo uno puede tocar a los demás y meterse en otros y compartir la vida de otros. Como una comunión, como una ceremonia de comunión”. Para mí comunicar significa algo así. Mediante las obras de otras personas, fuesen pintores o escritores, sentí que era posible romper y vencer al tiempo, desdoblarlo, fragmentarlo pese a esa especie de inexorabilidad matemática que parece serle propia. Leer a otros, escuchar o ver a otros a través de la pintura produce la magia o el ilusionismo o la misma posibilidad de vivir otras vidas y multiplicar y enriquecer la propia… identificándonos con unos, emocionándonos con otros, incluso alcanzando posiciones contrarias. La comunicación es una parte esencial del ser humano. No vivimos aislados sino en un intercambio de dar y recibir que nos completa.
M: Cuando estás por pintar un retrato, ¿Cómo es tu preparación? ¿Necesitás prepararte, visualizar, o simplemente te ponés a pintar?
NS: No tengo grandes manías rituales… desde luego tengo que tener la cabeza con la disposición para pintar. Luego preparo todo, la paleta, los colores, el aguarrás, la tabla o el lienzo y me pongo. Procuro tener todo cerca porque una vez que estoy metida en ello tener que parar para alcanzar algo que se me ha olvidado o se ha acabado es un fastidio. Se comenta que tengo tdah, y es cierto que en bastantes ocasiones parezco una persona caótica o dispersa. Me preguntan por qué toda mi ropa de pintar tiene manchas tan grandes en la parte derecha de mi cuerpo… pues porque soy diestra, y el trapo es lo que con más frecuencia olvido tener cerca; el hiperfoco cuando pinto es mejor no interrumpirlo yendo a por el trapo a la otra punta de la casa. Ahora ya sabéis por qué llevo un hombro y una pierna de colores cuando pinto… Y sobre visualizar sí que lo hago. Miro el soporte en blanco y la referencia y veo el cuadro y cómo lo quiero hacer. Ahora bien, metida en faena, puede pasar luego cualquier cosa… hasta que no estás en ello no sabes realmente qué problemas te puedes encontrar o qué soluciones vas a tener que cambiar desde tu primera idea.
M: En uno de tus videos hablás de la interrupción voluntaria del embarazo. También se puede ver una exposición de cuadros en torno al tema. ¿Podrías contarnos cómo fue el proceso, no solo de la creación, sino desde la decisión, con sus consecuencias positivas y negativas?
NS: El duelo después de una interrupción voluntaria del embarazo fue el tema que articuló mi exposición individual en marzo en la galería Espacio 75 de Madrid. Fue un proyecto elaborado desde la herida, que supuso una especie de catarsis y al mismo tiempo tenía la aspiración de ayudar a otras personas, de comprender el funcionamiento de los duelos desautorizados y de conseguir que quienes estuviesen pasando por ello se sintieran más acompañadas, menos extrañas, y con sus sentimientos validados más allá de cuestiones éticas y políticas. Fue un proyecto que hablaba de las emociones, pero todo lo que choque con la moral y las creencias acaba convirtiéndose en polémico; con la interrupción voluntaria del embarazo nos encontramos además con un tabú ancestral y el duelo posterior que podría darse en algunos casos está cubierto de mucho estigma.
Para detallar bien el proceso por el que pasé os pediría sí quisierais acercaros a los cuadros, al proyecto, y a las poesías que lo acompañan escritas por mi terapeuta Eva Puig, especialista en acompañamiento al duelo, así como por otras autoras como Anne Sexton o Diane de Prima que trataron mediante la literatura el aborto voluntario. Haciendo un gran resumen sobre mi experiencia concreta y sin entrar en la gran variedad de sentimientos que se puedan experimentar tras una decisión así y que varían según la persona, os diría que sin esperarlo, tal vez por el shock que me produjo en un primer momento, removió todos los cimientos de mi vida. Lo hice porque me era imposible criar otro hijo en las circunstancias personales que estaba viviendo, bastante precariedad, soledad, y teniendo ya dos hijos. Cuando tomas esa decisión suele ser porque no quieres que tu vida cambie y de todos los infiernos posibles que se te presentan ese puede parecer “el menos malo” pero no deja de ser eso, algo terrible… Yo ya había pasado por un aborto involuntario y su consecuente duelo. Pero ahí me sentí más una víctima; en este segundo caso fue una tormenta emocional. Sentí miedo, tristeza, vergüenza, culpa, y finalmente, llegó la aceptación y el reconstruirme a mí misma. Fue trágico sentir esa pérdida y ser consciente de en qué punto de mi vida me hallaba para tomar una decisión así. A veces no me parecía ni que realmente hubiese podido decidir nada, no hubiese podido salir adelante sola. Pensé que me quedaría tocada para siempre pero este proceso trajo también cosas positivas. Digo muchas veces que las crisis vitales nos ponen delante un espejo: nos conocemos y reconocemos a nosotros mismos, identificamos otras heridas que no sabíamos que nos estaban afectando… ganamos en empatía, en autoconocimiento. Nos volvemos más sabios gracias o pese al dolor, y reconstruirse es también una manera de crecer.
M: En tus cuadros, las miradas me parecieron sumamente expresivas. ¿Qué significan las miradas, para vos?
NS: La mirada o la expresión del rostro en general son una parte maravillosa de la comunicación… de lo que nos pasa por dentro y de lo que sacamos hacia fuera. Que exista esta parte de la comunicación no verbal me parece fascinante; es un rasgo visible que al igual que una palabra es posible malinterpretar, pero en la mayoría de casos por suerte o por desgracia nuestra, el silencio de una mirada, el arqueamiento sutil de una ceja o el fruncimiento de una boca son más reveladores que las propias palabras, y aun con palabras de por medio, son el contexto que dirige el sentido de las mismas.
M: ¿Cómo ves el arte en la actualidad?
NS: Yo no siento que estemos en un momento terrible pese a cierto pesimismo circundante que vengo observando… menos aún en el caso de la pintura figurativa que tras unas décadas casi en barbecho vuelve a aparecer con fuerza en la escena. Ese pesimismo a veces lo interpreto como inquietud ante la bajada de las ventas (sin rodeos: todos tenemos que comer, los artistas también, y hay momentos y contextos económicos, históricos y políticos de todo tipo que no favorecen mucho llenar la olla precisamente…), pero sobre todo veo el que se refiere a la importancia cada vez menor que se otorga a la cultura, a cómo se reducen los espacios, el interés popular, etc. Pienso que como sucede con la literatura es posible que ciertas cosas sean cada vez más minoritarias, y aun así, las grandes artes jamás desaparecerán en su forma más pura, más allá de lo práctico o de lo que parece ofrecer una utilidad inmediata, más allá también de las artes aplicadas o del mainstream. Siempre cito aquella dedicatoria de Stendhal en sus novelas “to the happy few”. Aquello de “llegar a una extensa minoría de lectores”. El público que valore la pintura podrá ser pequeño – aún así era más grande de lo que yo suponía antes de dedicarme a esto – pero existen por ahí las personas a las que me gustaría llegar, esas personas afines, y esto ya por sí merece la pena y el esfuerzo.
M: Hay un cuento breve que no recuerdo bien. Pero la idea era la siguiente: Le encargan un lienzo a un artista, querían que pinte una mariposa. Se toma diez años y no lo pinta. Espera otros diez y tampoco. Treinta años después, con una pincelada que no tiembla, hace una mariposa perfecta. Cuando le preguntan por qué no lo hizo antes, contesta que todavía estaba aprendiendo. ¿Qué cambios interiores transitaste para llegar a ser la pintora que sos hoy?
NS: Algo he dejado caer ya en otras preguntas acerca de que el tiempo en que no pinté fue necesario para alcanzar la determinación posterior de dedicarme profesionalmente a la pintura. Más aún, me dio la motivación para tratar según qué temas. Esto sería en sentido más abstracto; acerca de la técnica podríamos decir que es el vehículo mediante el cual se transmite un mensaje o un concepto en muchos tipos de manifestaciones artísticas. Esa técnica sí que requiere un trabajo y un esfuerzo de años. El pintor alcanzaría la comprensión de lo que es una mariposa a lo largo del tiempo y mediante la observación. Incluso esa compresión podría cambiar en un momento u otro de la vida como sucede en general con muchas cosas. Pero para hallar su propio lenguaje y contarnos qué y cómo era la mariposa debió también de aprender a mover la mano. Una melodía, un cuadro, un libro tienen detrás una elaboración conceptual que puede desarrollarse en un tiempo anterior al de al ejecución práctica de la obra; para que se haga realmente efectiva, también se han de conocer las notas, cómo producirlas en un instrumento musical, cómo funcionan los colores y qué presión ejercer cuando se aplican, cuales son las letras del alfabeto y cómo se construyen las frases y las palabras.
M: Uno aprende a hablar para comunicarse. Pero a veces las palabras no alcanzan. ¿Crees que aprender el idioma de los colores también proporciona ese alivio, la técnica como medio para llegar a donde los otros llegan con la palabra hablada?
NS: Desde luego existen otras formas de comunicación más allá de la verbal. En cuanto a la pintura, siempre me ha fascinado la capacidad de evocación de las imágenes, como algo directo, como un disparo, como un impacto a golpe de vista, sobre el que sin embargo uno puede detenerse horas en la contemplación y hasta obtener lecturas diferentes al revisitarlas. De entre todas las imágenes creo que mi pasado o mi afición por la lectura me han hecho apreciar sobre todo aquellas que tienen una carga narrativa pese a capturar un momento congelado en el tiempo y evocar el movimiento. Un poco como sucede con la fotografía, solo que reinterpretando plásticamente esta imagen mediante un proceso pictórico y encontrando soluciones y construcciones diferentes a esta. Sobre esta idea de llegar con una imagen a donde otros medios no alcanzan, o sobre la fascinación que ejercen en nosotros las imágenes habló Sontag en referencia a la fotografía: quizá lo que nos seduce frente a otros medios es su aparente sensación de veracidad; pese a todo, capturar una imagen es segregar un fragmento del mundo y dirigir la mirada, y esto no deja de ser una forma de construcción como tantas otras.
Recuerdo ver de pequeña una entrevista a Antonio Gala en televisión. Ante una pregunta parecida a esta, como escritor contestó que si bien se dice que “una imagen vale más que mil palabras” para expresar esto ya habíamos necesitado siete. Las palabras habladas y las imágenes y los colores pueden alcanzar a tratar muchos temas comunes pero unas y otras en su razón de ser pueden extenderse en dimensiones diferentes. A mí en todo caso me alivia el que ambas formas de expresión existan.

Alan Levy Argentina Ariel Raudez Artículos Bruno Theilig Colombia Danny Arteaga Castrillón Eduardo Ferrer Entrevistas Eric Ibarra España Fátima Ramos Gema Guaylupo Villa Johely Barrios Juan Camilo Rincón Liz Mendoza Mafe Piñeres Martin B. Campos Matilde González México Natalia Consuegra Nicaragua Pablo Concha Portugal Quinny Martínez Relatos Reseña
