Cuando la realidad desborda al autor, la ficción es el orden posible para la memoria.
Por Mafe Piñeres (mafepineres), escritora.

Colombia es uno de esos países donde el asombro cotidiano supera hasta la anécdota más inverosímil. Alexandra Benedetti lo sabe y escribe en consecuencia.
Actriz, bailarina, escritora. Su talento se manifiesta en múltiples disciplinas artísticas, y parece que la vida pusiera en sus manos las historias más apasionantes para que pudiera llevarlas al papel. Milagro es su segunda novela, una obra que vivió por años en su imaginación y que ahora tiende un puente narrativo entre su residencia en Florida, EE. UU., y el Caribe colombiano, la tierra de sus raíces.
Rita Milagro, una mujer adelantada a su época, y Mire Juliao, el progenitor de veinticinco hijos con dieciséis mujeres, son el eje de este relato. En Varapez de la Ciénaga se cumple el dicho “pueblo chico, infierno grande”, mientras el río —el imponente Guacarí—, los rumores de Helenita y Palomita como literatura espontánea, los coletazos de las guerras mundiales y la dictadura transcurren paralelamente.
Alexandra nos ofrece un viaje en el tiempo, a los años cincuenta, en una Colombia donde apenas comienza la reivindicación de los derechos de las mujeres. Varapez de la Ciéllllnaga, territorio creado en el universo narrativo de la autora, honra la geografía del Caribe y nos recuerda que su encanto va más allá del mapa: ella plasma acentos, rituales, supersticiones, tradiciones y pesares heredados; preserva aquello que el tiempo suele borrar primero, eso que se desdibuja en las migraciones, pero que late donde habitan los recuerdos de la tierra.
El germen de esta novela es la herida paterna. “Somos veinticinco los hijos de mi padre”, señala, y convierte en materia narrativa esta situación personal, como si su vida hubiera sido escrita antes de ser vivida por un guionista que cree en los milagros.
Pertenencia, desparpajo, humor y memoria conviven en esta obra sin pedir permiso. Benedetti entrega un realismo mágico con voz de mujer, sienta su posición como escritora colombiana desde cualquier orilla donde se encuentre y le da un lugar a su historia en la memoria.
«No hay secreto que aguante escondido tanto tiempo en el pecho de una mujer».
Una novela como Milagro, que sabe a Caribe ribereño, a sombra de árbol ancestral, a la berraquera de las mujeres de nuestra tierra, a la picardía de los hombres, al alma inocente de las niñas, a la palabra indefectible de las matronas, nos recuerda que, como Macondo y sus pescaditos de oro, como Corozal y los pescados en la piel de Las Juanas (telenovela de 1997, con una historia mágica de padre e hijas), y como Varapez de la Ciénaga y los pececitos que la surcan, el encanto de nuestra tierra —que para muchos supera la ficción— habita en nosotros, quienes creemos en el poder transformador de las historias.
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