
Toño Labra es un fotógrafo de Puebla (México), cuya mirada viene curtida de las historias de la sierra que parió los hijos e hijas que trabajaron con sus manos las minas y la tierra, hacia la primera mitad del siglo XX. Su abuelo fue un talabartero, un hombre dedicado a hacer monturas para los vaqueros de su tierra, y desde aquellas imágenes y recuerdos se configura su sensibilidad, su forma de mirar: Mi lugar de origen se llama Teziutlán y es un lugar muy alto, aproximadamente a dos mil metros sobre el nivel del mar, como la mayor parte de la vida en la sierra. Este entorno es donde la cultura en México crece mucho; a diferencia de otros países que tienen costas, nosotros lo tenemos básicamente en el altiplano, como esa parte de Puebla de la Sierra Madre Oriental, de donde soy. Hay una cadena de pueblos coloniales que conservaban las tradiciones hasta entonces y que no habían sucumbido a la modernidad del automóvil, que ha traído una gran transformación a la vida en nuestros países. Ese lugar sobrevive con su propio espíritu y se ha modernizado, adaptándose a otras cosas con el internet yendo y viniendo, que le ha dado otro ritmo particular a la vida de todo el mundo, pero el lugar sigue estando allí. Y mi lugar de origen, como puedes imaginar, era un sitio muy húmedo y lluvioso, con más días de neblina en promedio al año que la mismísima Londres, porque el lugar, el entorno, el clima, condicionan el carácter. De allá es de donde soy.
Toño comparte su viaje por el mundo a través de una interesante colección de imágenes, desde narraciones orales hasta las impactantes fotografías que ha creado a lo largo de los años. Nos conocimos en marzo de 2024, en la presentación de su aclamada exposición «Al lado del camino» en la Asociación Bibliomusicineteca de Barcelona. Esta muestra captura la esencia del papel de la mujer en la vida cotidiana a través de diversas regiones, abarcando territorios tan variados como México, Venezuela, Egipto y Turquía. Su obra ofrece una perspectiva única y profunda sobre las experiencias y roles de las mujeres en distintos contextos.
Johely: Al estar frente a frente con tu obra, me pareció interesante la vasta experiencia que puede acumular una persona a través de la fotografía. Cuánto movimiento y viaje causa una sola imagen. Mejor dicho, ¿es una sola imagen? Me preguntaba qué es lo que te causa curiosidad, qué es lo que te hace presionar el obturador en esos lugares tan diversos, qué es lo que te llama.
Toño: Desde luego. Primero, tener un registro documental de dónde estoy. No quise mencionar en mi intervención [durante la exposición] otro aspecto muy importante en el mundo de la fotografía, ya que podría extenderse mucho. Sin embargo, el registro visual que yo tengo se basa en que quiere ser el eco de una grandísima exposición que hubo en el 55, llamada «La Familia del Hombre», organizada por Edward Steichen. Es el registro de nuestra vida diaria, de nuestra infancia, de nuestra adolescencia, de nuestra etapa de enamorados, de cómo nos casamos, cómo se vive en familia, en fin, el registro de cómo es nuestra vida cotidiana. Lo que he querido hacer es reflejar en esto un eco de esa exposición, de aquel registro amplísimo que tuvo «La Familia del Hombre» que, según entiendo, sigue siendo la exposición más vista en todo el mundo. Edward Steichen se asentó en Nueva York y realizó el registro que dejará el reflejo de lo que es la vida común y corriente. Todos los fotógrafos tenemos ese registro que él hizo en blanco y negro. Eso es lo que, para mí, seguirá siendo una guía de qué es lo que quiero ver, qué es lo que veo y qué es lo que voy buscando con la cámara. Evidentemente, las cosas van a depender del lugar del mundo donde me encuentre y estarán condicionadas principalmente por la cultura en la que me encuentre. También influye la religión muchas veces, de manera que aún en este siglo seguimos teniendo allí un potente sello de identidad.

Johely: Me gusta mucho esto que mencionas sobre capturar la cotidianidad. A veces nos enfocamos demasiado en cuestiones muy elaboradas y perdemos de vista lo que somos día a día. También hay una cuestión que te mencioné durante la exposición y que me parece muy interesante, y en el mundo fotográfico nunca se la he preguntado a nadie: ¿Qué haces o cómo es que desapareces de la escena?
T: Eso tiene su pequeño truco, que es el secreto de la magia: desaparecer como intrusos, lo más importante para el momento fotográfico. Por lo tanto, significa que primero he tenido que integrarme al medio, entender el movimiento natural de los elementos que se mueven en equidad. Y eso, desde luego, se debe principalmente a que los lugares que refleja mi fotografía son sitios donde he vivido, no donde he ido de paso. Ahí está el registro, porque son lugares en los que he vivido muchos años y donde, sin duda, he dejado una parte muy importante de mi corazón en cada sitio. Lo que quiero decir con esta frase es que me he tenido que asimilar a esa sociedad, a esa forma de la idiosincrasia que cada cultura tiene. Y una vez que puedo decir que ya estoy consciente y que he aprendido cómo moverme en cada lugar, eso me ha facilitado las cosas.
J: Pero da la sensación de que hay una transformación que el fotógrafo podría experimentar en su oficio, teniendo en cuenta que desaparecer de la escena también implica un esfuerzo para borrarse, para el no protagonismo.
T: Esto significa que uno debe tener mucha empatía con las personas, independientemente de quiénes sean. Para empezar, podríamos decir que nunca está de más ser amable, atento o comprensivo con las personas que nos rodean. No es fácil, por supuesto, porque a veces nos encontramos en entornos agresivos, violentos o cargados de tensiones que representan un desafío. Sin embargo, siempre existe la posibilidad de cultivar empatía y disminuir esas tensiones. En situaciones de conflicto, lidiar con los riesgos puede ser más difícil, ya que a veces la rapidez de los acontecimientos no deja espacio para nada más. Sin embargo, siempre hay formas de abordar estas situaciones, tal como mencioné anteriormente.
J: Durante tu exposición, esta fotografía de Estambul captó mucho mi atención. Es realmente impactante. ¿Qué recuerdos te evoca esta imagen?

T: Bueno, este lugar en Estambul es muy bullicioso ya que allí es donde se encuentran los mercadillos de ropa principalmente. Los fines de semana, las aglomeraciones son intensas. Aunque Estambul es multicultural, con un perfil islámico muy marcado, es una ciudad muy cosmopolita, acostumbrada desde siempre a tener en sus calles a personas de todas las culturas caminando e interactuando entre sí. Entonces, esos lugares son los más ricos y potentes que puedo encontrar. Las calles de Estambul son únicas, pero es en estos sitios donde sé que estará la gente común y corriente, la gente de a pie, donde realmente me atrae fotografiar. Evidentemente, la fotografía callejera representa un momento fugaz, un instante que en cuestión de segundos cambia por completo o transmite algo diferente de lo que estoy buscando. Por suerte, en esta foto capturé el momento en que la señora está concentrada en su tabaco, para admiración de los que están a su lado. Incluso se puede ver a la derecha a una mujer con rasgos orientales; recordemos que los otomanos, los turcos, tienen su origen incluso en Mongolia, con un fuerte componente de razas amarillas. A pesar de que ahora estamos acostumbrados a ver al turco como un hombre muy bigotón, alto y peludo, es importante tener en cuenta que es un registro múltiple y que Estambul es una ciudad cosmopolita.
J: Toño, pienso en esos momentos en los que estás con tu cámara esperando para capturar el tránsito, la cotidianidad. Estás allí prácticamente fundiéndote con el entorno, pero llegado el momento ¿Hay fotografías que no se toman?
T: Sí, también hay fotos que uno no debería tomar. Hay un respeto cultural del que uno debe ser consciente, y hay fotos que se deben dejar pasar. Cada cultura tiene sus propias prácticas y pueden diferir respecto a lo que uno aprendió. Sin embargo, dentro de una escena muy compleja, el momento que busco es aquel en el que todos los elementos están en armonía, en un movimiento coordinado. Aunque en ese instante la escena parezca caótica, me deja la sensación de un orden perfecto, reflejando la armonía natural de los elementos en movimiento. Ese es el momento que busco, el que refleja el ritmo de las cosas, y es un aspecto importante a tener en cuenta.
J: Me parece interesante que la interpretación que yo pueda hacer de una fotografía tiene mucho que ver con cómo me relaciono con ella. Esa relación es la misma que cualquiera podría experimentar, es decir, no es un lenguaje exclusivo de los más entendidos, pero sí susceptible de ir cuajando. Justamente, durante tu exposición hablabas de la estética pero ¿cómo desarrollaste esa mirada y sensibilidad?
T: En la fotografía, uno está constantemente preocupado por la composición, como mencioné antes, el orden, el movimiento y la cadencia. Esto es fundamental en la fotografía, pero no estás pensando en ello en el momento de disparar. Es una disciplina que ya está integrada en tus reacciones naturales con la cámara. Simplemente esperas el momento adecuado para capturar la imagen. Los principios básicos de la fotografía están siempre presentes, pero no los estás considerando conscientemente en el momento de disparar. Es algo que ya está internalizado.
J: Pero esta sensibilidad que tienes, por ejemplo, al no buscar una fotografía “dramática” sino más bien cotidiana, esa necesidad de capturar la humanidad misma ¿de donde viene?
T: Yo creo que la raíz de todo esto, es que para mí sigue vivo el documentalismo. Finalmente, es el reflejo de las culturas que hemos logrado construir a lo largo de los siglos. Llegamos a un momento en el que simplemente estamos en un tiempo y en un lugar que es efímero comparado con el tiempo que han tardado nuestras culturas en llegar hasta aquí. Son como destellos, nada más, y ya que estoy ahí, de paso, aprovecho.
J: También me surge lo siguiente, al igual que con los libros: en el momento en que un escritor está escribiendo, el escrito le pertenece porque está ahí pariendo, configurándolo, pero cuando la creación se expone al público, esa lectura puede decir otras cosas a la gente, a los lectores. ¿Pasa lo mismo en la fotografía? ¿Cómo esa subjetividad puede impactar una fotografía documental?
T: Sí, porque nuestra cultura va evolucionando. Si volvemos a la fotografía de la señora fumando, el hecho de retratar a alguien fumando no es novedoso, ya que el tabaco y la fotografía existen desde hace tiempo. Pero actualmente tenemos más información sobre que el tabaco es mortal, que el tabaco mata. Entonces, cada vez más tenemos la propensión a no hacerle publicidad al tabaco. Anteriormente, fotografiábamos animales; íbamos al circo a ver animales o fotografiábamos espectáculos con animales callejeros. Y cada vez que tenemos una mayor conciencia que va evolucionando, evitamos hacer apología de eso que poco a poco hemos ido viendo. Ahora es perfectamente plausible estar en contra del maltrato animal. Entonces, una fotografía que yo podría haber tomado hace treinta años en el Lejano Oriente, cuando alguien tenía un changuito domado y hacía literalmente monerías, ahora puede sonar fuerte porque implica, más que nada, maltrato animal. Por eso digo que vamos revolucionando en cuestión de ética. Ahora es más amplia en sentido más diverso.
J: También, me parece muy interesante, por ejemplo, esta fotografía. Durante tu exposición, escuchaba de una persona que estaba detrás de mí viéndola, y nos impresionaba la simetría de la fotografía, cómo nos atraen justamente las líneas de esta forma.

T: Esto es en los Andes peruanos, yo creo que a 3000 metros sobre el nivel del mar. Una cosa así. Por eso ves que el paisaje es yermo, piedras y tierra, y sin embargo están ahí las chacras peruanas, que son las parcelas, y eso dice que hubo agricultura en algún momento. Y como reflejo, esto es un entorno muy hostil pero ahí está la gente sacándole lo poco o mucho a la tierra. Como refleja la indumentaria de la mujer, está en condiciones duras porque esto es al caer la tarde, es decir, a ese nivel del mar y al caer la noche hace frío, son condiciones de vida rudas y la gente se las arregla para seguir viviendo. Esta fotografía la tomé hace unos 15 años aproximadamente, y el tiempo no ha pasado. Quizá los Incas de antes vestían ligeramente distinto, pero sigue siendo así. Y aunque el paisaje es fuerte, duro, también refleja mucha belleza y no tiene por qué estar reñido con que sea bello. Entonces, la expresión de la mujer en este momento fugaz quedó plasmada.
J: Es esa necesidad también de separar las cosas, parece que lo bello no puede estar conectado…
T: Pero sí lo está. Para eso sirve la educación visual. Ahí hay algo en donde los elementos se juntan y tienen un ritmo propio. Hay algo, eso es lo que a mí me engancha.
J: Esta fotografía me parece una de las más impactantes.

T: Sí, porque es un condensado de lo que es nuestra América. Esto es el Caribe venezolano, con un crucifijo ahí, que es un reflejo de la religión que los europeos llevaron a América. En el caso de América Latina, los españoles, y una chica como tú de raza negra que también llegaron por otras razones, y ahí está una simbiosis perfecta. Hace cinco siglos se originó aquello por lo que llegaron por primera vez españoles y esclavizados, y sin embargo ahí están, aunque está de espaldas, se ve que es una chica joven pero con un crucifijo ahí que yo creo que quizá tenga poco que ver con lo que está haciendo… A lo mejor está arreglando algunas pulseras o no sé qué, pero nada tiene que ver con el crucifijo. Porque en ese momento se da el verano, como su indumentaria lo indica, pues ella fue a bañarse a la playa. Entonces, ahí hay una conjunción de hechos que tienen un arrastre cultural innegable.
J: Una de las cosas que pensaba durante la exposición y que me llamaba la atención, volviendo a esto de desaparecer de la escena, es que me parecía importante el hecho de que estuvieras como un cronista en medio de este lugar, respetando aquellos elementos, los valores, las formas de vida. Entonces, se está ahí para hacer un trabajo, para hacerlo con honestidad, para capturar la esencia de lo que a ti te interpela, y eso se nota cuando me acerqué a tus fotografías. En la exposición, justamente, una señora me preguntaba cómo era posible que tú tomaras la foto y no te vieran a ti…

T: Ahí está un poco la clave y la explicación de muchas cosas: pasar desapercibido. Ahora, hay varios elementos que es necesario mencionar. En la fotografía, hay frases que se van quedando como referentes forzosos porque alguien las ha soltado. Decía Robert Capa, a quien muchos consideran el primer reportero de guerra porque estuvo en el Desembarco de Normandía en la Segunda Guerra Mundial: «Si la foto no es buena, es porque no estuviste lo suficientemente cerca». Esto representa que hay que estar cerca. Entonces, como tú sabes, hay muchos objetivos, pero los lentes angulares, los que tienen una amplitud grande, son los que te obligan a acercarte. Tienes que estar a una distancia muy corta. Entonces, evidentemente, he tenido que llegar, primero granjearme la confianza y después hacer lo mío. Por eso, ahí está otra vez esa simbiosis de la que hablábamos en el caso de Venezuela: la religión mueve estos pueblos, hay instrumentos que llegaron con la colonia, pero ellos siguen vestidos como antes de que llegaran los europeos a América.
J: Eso es una declaración.
T: Exactamente. Entonces, estas son peregrinaciones enormes. Yo tenía una pequeña broma porque me metía entre la multitud y ya iba con ellos, y a veces me preguntaban qué ocurría ahí. En algún momento se me ocurrió decirles que estaban preguntando dónde estaba un tal Hernán Cortés (risas), querían su pellejo.
J: Habiendo visto tantas mujeres en condiciones tan diversas, con tantos rostros diferentes, algunas con velo, con burkas, con trajes autóctonos, otras con sus palanganas en la cabeza, ¿qué tienen en común estas mujeres, si es que tienen algo en común?
T: Yo creo que uno aprende a ver que, en el fondo, no importa la cultura, el traje o lo que cargue encima de la cabeza, siempre hay una feminidad en el fondo de todos los registros, hay una feminidad indiscutible. Y creo que, como lo que te he dicho antes de la chica que está enfrente del Cristo, que es el cuerpo de una sirena morena, también puedo ver en esta otra el sentido que una cultura tiene el matriarcado, o como en otra foto que hay por ahí de una niña, la inocencia y el corazón limpio en esa edad. Ahí están los valores únicos y elementales que la cultura femenina tiene. Una toma te va a llevar necesariamente a la esencia del individuo que está frente a ti. Creo que también el registro cultural que cada región del mundo tiene es como una indumentaria que el tiempo le ha ido poniendo, pero en el fondo sigue siendo una mujer.
J: ¿Qué crees que te falta por ver? O mejor dicho, ¿qué quieres encontrarte ahora?
T: Aquí, por ejemplo, hoy en día, en esta etapa de mi recorrido por el mundo, no había tenido tanta oportunidad de estar en Europa de manera permanente. Empecé a venir a España, a la zona de donde vienes, en 2005, es decir, hace casi 20 años, y he estado aquí mucho, pero solo una vez al año. En mis destinos anteriores, nunca había pasado tanto tiempo en Europa. Después de pasar nueve años en el mundo musulmán, se me concedió el deseo de venir a Europa, lo cual considero una especie de recompensa para ver otras cosas. Porque, finalmente, nosotros somos culturalmente occidentales, aunque la historia negra que llevamos todos los herederos del reino español haya intentado negarlo, pero lo tenemos. Entonces, moverse aquí en este entorno también me ha supuesto un pequeño reto, primero porque no lo descubrí inicialmente en Madrid, sino aquí en Barcelona, que lleva esto a un punto que se parece mucho a la antigua Constantinopla. Barcelona es una ciudad cosmopolita como solo las ciudades marítimas pueden ser. Me he visto casi obligado a descubrir la parte de Barcelona donde están las minorías étnicas, aquí mismo en el Raval. Aquí es donde se encuentra el registro más diverso y amplio, porque este es el lugar que debo retratar, y ese es el que empecé a documentar desde que llegué. Algún día surgirán cosas, porque hacer un registro amplio lleva tiempo, y cuando uno aprende que en esta vida nada urge, con paciencia, poco a poco, se logra mucho. Esto lo aprendí en el Lejano Oriente, donde entendí lo que es tener paciencia y aprender a moverse con la cadencia natural del entorno; nada urge, no hay que dejarse llevar por la impaciencia. En fin, en algunas partes del mundo he aprendido cosas que me han sido muy útiles. Entonces, con la cámara en mano, estoy en estos años en Barcelona porque, vamos a decir, hay un fenómeno que Europa está padeciendo muchísimo: el turismo masivo que está aniquilando las culturas locales. Hoy en día, los centros históricos europeos, y hablo principalmente de España, la vida del vecindario, la vida del barrio, está desapareciendo a una velocidad increíble por el turismo masificado. Entonces, buscar un registro interesante en el barrio gótico, por ejemplo, me resulta más difícil porque necesariamente voy a encontrarme con turistas en pantalones cortos, y estoy buscando algo más, el sabor auténtico de lo local o un registro propio de cada sitio.
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